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Yoga en Vacaciones
Hace un par de días publiqué en la cuenta de IG de @mysorehousemadrid una reflexión sobre las situaciones de las escuelas de yoga durante la época de vacaciones que suscitó reacciones diversas y por otro lado, esperables y comprensibles. La mayoría de las personas que valoraron o agradecieron la publicación eran dueñ@s de escuelas o salas de yoga (de todo tipo, no sólo de ashtanga) en Madrid, Venezuela, Argentina o Chile… por nombrar unas pocas. También hubo alumn@s de escuelas que expresaban estar totalmente de acuerdo con dicha publicación y algun@s que, en cierta manera, mostraban disconformidad con lo que allí expresé.
Instagram es un medio extremadamente limitado para exponer según qué cuestiones (yo diría que la mayoría, en realidad) y a menudo me quedo con una cierta sensación de frustración tras hacer una publicación porque el maldito límite de palabras deja mi necesidad de comunicación igualmente limitada. Así que esta vez he decidido extenderme en el blog de la escuela, algo que va a ser mucho más frecuente a partir de este momento (así que si quieres recibir rellexiones más elaboradas, puedes suscribirte a la newsletter al final del texto y recibirás cada nueva publicación en tu correo).
Es obvio decir que para entender del todo la situación de otra persona, necesitas muchas veces poder estar en su piel, conocer todas las circunstancias. Por eso creo importante poder compartir con el mayor número de detalles posible la realidad de las escuelas de yoga desde el lado de los propietarios, y creo que hablo por la mayoría de quienes tenemos salas, como yo las llamo, «artesanales». Es decir, que no pertenecen a cadenas, ni son salas comerciales y que, a menudo, luchan por sobrevivir frente a grandes corporaciones de gimnasios y cadenas de yoga que ofrecen precios por los suelos y servicios muy distintos. Me decidí y sigo decidido a abrir este tema por dos motivos: el primero, no es un tema que yo mismo tenga resuelto al 100 %, ni interna ni administrativamente. Abrirlo, propiciar debate, leer distintas opiniones me ayuda en este aspecto. El segundo motivo: este tema lo hablamos constantemente entre dueñ@s de salas, pero es como si hubiera que hacerlo en secreto, en voz baja. Si a nivel social sigue habiendo muchos problemas para relacionarnos de forma sana y eficiente con el dinero, dentro de los círculos espirituales la cosa está mucho más complicada. Hablar sobre dinero está mal visto.. es poco espiritual. Quien me conoce sabe que pongo mucho empeño en desmontar todas las ideas literales sobre este camino y este tema, obviamente, no parece que vaya a ser una excepción.
Año tras año, durante la etapa vacacional (que no sólo incluye los meses de verano, también navidades y semana santa) las salas de yoga tienen pérdidas significativas en sus ingresos. Esto es algo que se da por normal y desde luego, puede parecer muy lógico: «Si me voy de vacaciones, si dejo de asistir a las clases y dejo de recibir los servicios, ¿por qué voy a seguir pagando?». No parece que tenga mucho sentido tal y como vivimos y entendemos la economía en la sociedad actual. El tema sobre el que yo animo a reflexionar es el siguiente: Hay otros muchos servicios que tampoco recibes pero sigues pagando, no sólo durante las vacaciones sino durante todo el año. Y estoy seguro de que algunos de ellos aportan menos a tu vida que tu sala de yoga.
Hay ejemplos de todo tipo, desde las numerosas suscripciones que en su día hiciste a apps que puedes pasar meses sin utilizar, suscripciones a plataformas que pasan semanas o meses sin que utilices… hasta tu propia vivienda o plaza de garage. Si te vas de vacaciones con tu coche, dejas de recibir el servicio de tu garage, ¿esto te lleva a plantear al dueñ@ de dicho garage un descuento? Si te vas un mes de vacaciones, ¿le planteas a tu arrendad@r o al banco que no pagarás ese mes de alquiler o hipoteca porque no estás utilizando tu casa?. Obviamente no… sin embargo, la sala de yoga que, a menudo, sientes genuinamente como un espacio muy valioso para ti, como un lugar de desarrollo, un lugar seguro, de crecimiento, ¿no merece el mismo esfuerzo que un garage? A lo que quiero animar sacando a la luz este tema es la siguiente reflexión: ¿Tu actitud cuando te vas de vacaciones está en concordancia con lo que la sala significa para ti? Si lo está, perfecto, no hay conflicto. Si no lo está, quizás toca replantearse las cosas. Y conocer la realidad del otro lado puede ayudar a ese proceso.
En los meses de verano, la inmensa mayoría de alumnos y alumnas se van de vacaciones. Esto supone una pérdida de entre el 50 y el 70 % de los ingresos de la mayoría de las salas con las que he hablado, teniendo que mantener los mismos gastos (en muchos casos, altísimos, sobre todo si somos autónom@s y tenemos profesor@s contratad@s). Y la mayoría de los dueños de esas salas comparten una sensación difícil de sostener, y mucho más aún de expresar: La de que sus alum@s se marchan como diciendo «ahí te quedas, apáñatelas como puedas». Esta sensación puede ser objetiva o subjetiva, y obviamente no creo que haya muchas personas que se vayan de vacaciones con ese discurso interno (aunque he conocido algunas que lo han expresado abiertamente) pero creo que es importante darse cuenta de que esa es la sensación que se queda en quienes sostenemos las salas: la de abandono. Y aquí también toca hacer auto-crítica, querid@s compañer@s: cuando pretendemos ser omnipotentes, cuando tratamos siempre de mostrar que todo lo llevamos bien, que podemos con todo… cuando estamos tan identificados con el personaje de «salvadores», podemos dar una falsa impresión de no tener dificultades con nada. Por eso es importante hablar y poder mostrar nuestras dificultades. Poder permitirnos ser vulnerables.
Hay otros muchos casos que son aún, desde mi punto de vista, más difíciles de justificar: Alumn@s que pierden una semana por haber estado enfermos y pretenden descontar dicha semana de la cuota, como si nos tocara a nosotros asumir sus circunstancias. Este tipo de irresponsabilidad añade mucho malestar y, al menos en mi caso, daña el vínculo. Cuando yo me enfermo, me responsabilizo y pago una sustitución. No se me ocurriría cobrar las clases sin haberlas dado y justificarlo porque «no ha sido culpa mía, he estado enfermo». Pero a menudo, desde el otro lado, se nos pide asumir nuestras circunstancias y también las de quienes vienen a clase. He tenido alumn@s que piden pagar menos porque deciden ir a hacer una formación de una semana, irse a la playa 4 días o por estar estudiando a la vez, online, con otros profesores. Es decir, quieren que patrocinemos sus propias decisiones. También hemos tenido innumerables casos de alumn@s que se van de vacaciones sin abonar su plaza durante 2 meses y cuando regresan, se enfadan e indignan al enterarse de que su plaza ha sido ocupada por otra persona (casos muy aislados, el verano no es una época de recibir nuev@s alumn@s) y tienen que esperar a que quede una disponible.
El peor de los casos, para mí: cuando el vínculo se torna un poco más amistoso y esto se utiliza para tratar de pagar menos o se espera un trato de excepción en los pactos con la escuela. Esto es, en mi vivencia, algo tan poco cuidadoso, irrespetuoso y abusivo que sinceramente siempre siento alivio cuando la persona, ofendida ante mi negación a darle trato especial, se marcha echando pestes. Poner límites ante comportamientos abusivos también es yoga.
Estos son sólo algunos ejemplos de todas las situaciones con las que lidiamos los dueños de las salas de yoga que, como quienes las utilizan, tenemos obligaciones financieras, aspiraciones y necesidades que tratamos de cubrir haciendo nuestro trabajo. En esto no nos diferenciamos en nada de quienes acuden a nuestras clases, por muy espirituales que seamos. No cobramos en bananas o inciensos, vivimos en la misma sociedad consumista que l@s demás. Muchas son las ocasiones en que alumn@s nos reprochan que reclamemos pagos diciendo «pensaba que esto era espiritual», escondiendo así su propia falta de respeto y su intento de apropiarse de lo que no le corresponde, algo que definitivamente NO es espiritual.
Y este tipo de situaciones es muy difícil que no afecten negativamente al vínculo de profesor@s y alum@s. Me permito reproducir un comentario que también podéis encontrar en la publicación original de instagram que ilustra bien este aspecto: «Que gran gran grandísima verdad, es verdad que llevo unos meses que me siento súper identificada con la sensación de los pactos incumplidos y percibir mucha falta de compromiso general y dispersión entre el alumnado y, aunque intento que no, eso me afecta, me mina personal, profesional y evidentemente económicamente. Irremediablemente se refleja en mi energía y mi motivación. Me lleva a cuestionarme cosas, entristecerme a veces y frustrarme». Y es que nadie trabaja con las mismas ganas ni entrega cuando siente que su esfuerzo no es valorado, o se da por sentado.
Cada sala trata de afrontar los meses de vacaciones de una manera, pero todas coinciden en no estar satisfechas con los resultados, y muchas se quejan de lo duro que resulta sobrevivir al verano. Muchas salas creen que deberíamos incluir en nuestras normas la obligación de pagar los meses de verano se asista o no, porque en muchas salas (como en la nuestra) se paga por tener plaza, no por asistencia. Pero el miedo a que la gente no quiera apuntarse ante dicha norma hace que cada verano se enfrenten a las mismas dificultades que, a menudo, incluye el resentimiento hacia l@s alumn@s.
Nosotros, cada verano, damos varias opciones para que cada persona pueda elegir: se puede pagar el mes completo aunque no se asista o se asista menos, se puede pagar el 50 % del mes si no se va a asistir y se quiere asegurar la plaza o se puede dejar la plaza libre y solicitarla a la vuelta de las vacaciones. Además, tenemos clases online 6 días por semana lo que facilita enormemente el poder mantener la práctica durante las vacaciones y es un buen término medio para seguir apoyando a la sala durante este periodo. Esta es la solución que hemos encontrado para afrontar estos meses, pero al igual que tant@s otr@s compañer@s, no es una solución totalmente satisfactoria por creer que si mantenemos el espacio durante el verano, debería ser mantenido por tod@s. Y esto es algo importante que destacar, much@s alumn@s eligen no abonar su plaza durante su ausencia vacacional, pero quieren poder volver a clase a su regreso (por ejemplo se van la primera quincena de julio), y para que esto sea posible, la sala tiene que estar abierta todo el verano. Si quiero tener sala durante la parte del verano que sí que estoy… ¿no me tocaría también mantenerla los días que me voy?
Creo que muchas personas no se plantean siquiera estos temas por un motivo muy sencillo: sus vacaciones están pagadas y quizás, en su inconsciente, creen que ese es el caso de tod@s, que en vacaciones no se pierde dinero a nivel laboral. Nuestras vacaciones, como autónomos, no están pagadas. De hecho, durante las vacaciones, perdemos muchos ingresos.
Creo que para una comprensión más profunda de lo que significa el compromiso con las salas y profesores, habría que abrir otro melón que es complejo y la verdad, sólo me da para hacer un anunciado: Si entendemos las salas como un lugar donde practico posturas, creo que es mucho más fácil poder soltarlo o cambiarlo por otro durante las vacaciones. Si las entendemos como lugares donde se hace un trabajo mucho más profundo y donde el vínculo con los profesores es fundamental para dicho trabajo, creo que la cosa sería, probablemente, distinta.
Y aquí volvemos al quit de la cuestión: ¿De qué depende por tanto la decisión de abonar la mensualidad en vacaciones o no hacerlo? Depende de lo que tú valoras ese espacio. Y esto no es algo que pueda imponerse, es algo que se siente o no se siente. Dudo mucho de que quien se puede ir de vacaciones no pueda hacer el esfuerzo de pagar la mensualidad, si eso es lo que elige priorizar frente a otros gastos. Creo que, en general, prefiere no hacerlo. Le viene mejor. Prioriza otras cosas. El tema es que lo que viene mejor no siempre es lo justo, o lo coherente. Tod@s estamos seguramente de acuerdo en que es más importante la labor que hace un profesor de colegio que la que hace un futbolista. Sin embargo, a nivel económico, se valora infinitamente más la segunda…. este es, por tanto, también un tema de valores sociales. De falta de coherencia con lo prioritario.
Creo que estamos aún lejos, a nivel de conciencia y de valores, de entender este tema y de que salga de un@ mism@, como algo normal y responsable, el mantener el compromiso con las salas durante las vacaciones que elegimos tomar. Creo que aún nos cuesta valorar ese espacio, tener conciencia plena de lo importante de todo lo que ocurre allí, y asumir que puede ser más importante y significativo que una plaza de garage. Que una plataforma de entretenimiento cuya suscripción prefiero no cancelar por ser «un lío». Creo que nos cuesta ver a los profesores como personas con las que también tenemos ciertas responsabilidades, y nos cuesta cuidar el vínculo con ell@s. En lugar de eso, nos sentimos muchas veces como clientes sin responsabilidades. «Yo pago, yo mando, yo importo». No es que seamos muy egocéntricos, es que nuestra sociedad está así montada, y la tendencia llega también al lugar donde pretendemos liberarnos de las tendencias.
Pero si hay algo que tengo claro, clarísimo, es que lo que ayuda a sanar y a transformar a las personas en las salas de yoga es, sobre todo, el vínculo. Y que ese vínculo sea sano es siempre responsabilidad de ambas partes. En una sala de yoga, idealmente (y esto es algo a desarrollar por ambas partes) no es «yo», es «nosotros».
Y si bien es verdad que lo esencial es la práctica y que para muchas personas, su práctica continúa en sus lugares de vacaciones eligiendo practicar en otras salas, no es menos cierto que eso, siempre en mi opinión, no debería eximir de sostener el espacio donde se ha aprendido y se sigue aprendiendo esa práctica, y apoyar a quien se la ha enseñado. Muchas personas que se van con coche de vacaciones siguen pagando el garage en su lugar de residencia y les toca pagar parking en la playa… y son cosas que asumen sin darle muchas vueltas como consecuencias de su decisión de salir unos días fuera con el coche.
Mi intención con esta publicación no es meter a todo el mundo en el mismo saco, soy muy consciente de que cada persona tiene sus circunstancias personales y no quisiera que nadie se sienta acusado o señalado por expresar mi sentir respecto a este tema sobre todo porque, como comencé escribiendo, yo mismo no he conseguido llegar a una resolución totalmente satisfactoria. Mi intención es ofrecer una mirada más amplia e informada para que cada persona pueda tomar una decisión que tenga coherencia interna. Y mi intención es también dar voz a tantas personas que, como nosotros, tratan de mantener salas de yoga desde una actitud de entrega y servicio que, a veces, puede llegar a ser dañada ante las actitudes descuidadas de aquell@s a quienes enseñamos.
Así que cierro animándote a algo: Si eres practicante de yoga y acudes a una sala, a la que llamas «tu sala». Cuídala, entonces, también como si fuera tuya. Y cuida tu relación con tu profesor/a. Si te vas de vacaciones y puedes mantener tu compromiso de pago, hazlo. Creo que esto es una buena práctica de Asteya, algo que también se aprende, idealmente, en una sala de yoga. (y nadie dijo que practicar yoga fuera de la esterilla sea fácil o cómodo),
Y si no puedes hacerlo, explícaselo a tu profesor/a. A veces puede doler más la falta de comunicación que el hecho en sí. Explicar tus motivos o simplemente hacerle partícipe de tu decisión ya es una forma de cuidar el vínculo.
Y si eres profesor/a, date permiso a expresar tu malestar, o expresar lo que tú necesitas, a no estar iluminad@, Necesitamos cambiar las estructuras verticales por horizontales y en dichas estructuras, la responsabilidad de la salud (en todos los planos) en una sala de yoga es totalmente compartida. Tenemos derecho a recibir el mismo cuidado, respeto y compromiso que damos.
Este es, reitero, un tema no resuelto. No hemos dado con una solución satisfactoria, ni creo que lleguemos a hacerlo…. Pero ponerlo sobre la mesa siempre es más sano que hacer como que no ocurre….
y desquitarse por WhatsApp.



